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1 Hora es suficiente

Tu Vida es Bella - 1 Hora es suficiente

 

 

Muchas veces cuando estamos mal anímicamente lo que nos hace más daño es no hacer nada y perder el interés por el diario vivir y para evitar esos tiempos muertos en que nuestra mente lo único que hace es divagar por oscuros recuerdos del pasado, te presento las cosas que puedes hacer en una hora, así te animas y a reencantas de la vida, sobre todo la última puede cambiar radicalmente tu futuro.

 

Un experto en administración del tiempo pidió una vez a un grupo de seminaristas que pensasen rápidamente en una lista de cosas que pudiesen hacer en una hora. Entre las numerosas respuestas escritas en el pizarrón se encontraron las siguientes:

Pasear al perro.
Cortar el césped.
Tener una amena conversación con mi cónyuge.
Visitar un amigo de edad avanzada o que se encuentre enfermo.
Descifrar un sueño.
Trotar por el parque.
Jugar a la pelota con mi hijo.
Escribir una carta largamente pospuesta.
Pagar las cuentas del mes.
Escuchar un CD completo.
Limpiar la pecera.
Jugar un encuentro de tenis.

 

El grupo se rió de algunas ideas y quedó serio ante otras. Al final de la sesión de dos minutos, habían hecho una lista de más de cien sugeridas. Cuando ele experto en administración le pidió que señalasen la actividad que tuviese el mayor efecto a largo plazo, el grupo pensó durante un rato. Por inmensa mayoría, eligieron la idea que pudo ser explicada con una sola palabra: ORAR

No es tan importante cuántas horas dio,
sino qué le dio a las horas.

Colosenses 3:23
Y todo lo que hagáis,
hacedlo de corazón,
como para el Señor
y no para los hombres.

La puerta

tu vida es bella - la puerta

 

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces… “Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa”.

Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo:

–”Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?”
Y le responde el rey:
–”Dime soldado”.
–”¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?”.
–”Ve y mira tú mismo”, respondió el rey.

El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente… y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.

El soldado admirado sólo miro a su rey que le decía:
–”Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que ariesgasrse a abrir esta puerta”.

¿Cuántas puertas dejamos de abrir por temor?.
¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños o nuestras metas?

Juan 10:9
“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”
Apocalipsis 3:8
“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.”

La herida que Nunca Sanó

 

La tropa avanzaba paso a paso. La selva estaba espesa y húmeda, el suelo, lleno de barro y el peligro acechaba en cada metro del sendero.

En eso Lewis B. Puller, teniente del ejército estadounidense que peleaba en Vietnam, pisó una trampa explosiva. Para todo soldado que hablaba inglés, era literalmente una “trampa caza-bobos”. La explosión no lo mató, pero le mutiló las dos piernas y parte de las manos.

Librado de la muerte, Lewie Puller regresó a su país, estudió derecho a fin de convertirse en abogado, se casó y tuvo hijos y hasta escribió un libro titulado Hijo Afortunado que le ganó un premio. Pero su vida nunca dejó de arrastrar el dolor de la guerra. Un día, no aguantando más su pena, se suicidó. La revista Time publicó su obituario y le puso por título: “La herida que nunca sanó”

Las guerras de este mundo siguen cobrando sus víctimas, aún después de pasados muchos años. El Teniente Puller, hijo del General Puller, el hombre más condecorado de la marina estadounidense, parecía ser un triunfador. Se sobrepuso a la pérdida de sus piernas. Vivió veintiséis años con su esposa. Y escribió, con éxito , su autobiografía. pero la Psicosis de la guerra lo tenía marcado.

Puller se sumergió en el alcohol. Eso provocó problemas en su matrimonio, acelerando la separación de su esposa. La herida psicológica de Vietnam, que nunca sanó, terminó destruyéndolo.

Hay heridas del alma peores que las del cuerpo. Muchos hombres lisiados de gravedad han podido sobrevivir, recuperarse y hasta ser felices. Pero Puller cayó víctima de otra herida. Allá en el fondo de su alma hubo siempre una úlcera, una llaga abierta que continuamente preguntaba: ¿Por qué tuvo que pasarme a mí?

Buscó alivio en el alcohol, pero éste también es una “trampa caza-bobos” tan destructiva como aquella otra que le mutiló las piernas en plena selva.

Nos gustaría poder dar a conocer otros detalles agradables respecto a este hombre y darle a su biografía un final feliz. Pero la realidad suele a veces ser cruel. No hay consuelo en el alcohol. No hay salvación en las drogas. No hay fuerza vital verdadera en la erudición ni en la literatura. Lo único que puede sanar las heridas del alma es una experiencia espiritual.

Jesucristo es quien consuela a los afligidos, levanta a los caídos, anima a los deprimidos y libera a los cautivos. Sólo Cristo salva, restaura, redime y transforma. Vengan a mí, nos dice a todos. Aceptemos su invitación.

Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda. Jeremías 30:17

He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad. Jeremías 33:6 

 

Golpe a la Arrogancia

 

 Me había ido a refugiar en un pueblo cercano para trabajar en un libro. La aldea es un escondite perfecto; es pintoresca, silenciosa, y las comidas son buenas.

Salí para ir a tomar desayuno a un café cuando noté que la gente me miraba. Cuando estacioné, dos individuos se dieron vuelta para mirarme.

Una mujer hizo una doble toma al entrar y varias personas se me quedaban mirando al pasar. Cuando me senté, la mesera me dio un menú, pero no sin antes estudiarme detenidamente.

¿A qué se debía la atención? No podía ser mi cremallera; andaba con ropa de correr.

Después de pensarlo un poco, tomé una postura madura y supuse que me reconocían por las fotos en las cubiertas de mis libros. ¡Cáspita! Este debe ser un pueblo de lectores, me dije encogiéndome de hombros; conocen un buen escritor cuado ven uno. Mi aprecio por la aldea aumentó.

Con una sonrisa dedicada a los ocupantes de la otra mesa, me puse a disfrutar la comida. Cuando caminé hacia la caja, todas las cabezas se volvieron para mirar. Estoy seguro que Steinbeck tenía el mismo problema. Cuando la mujer me recibió el dinero quiso decir algo, pero se quedó callada. Abrumado, traté de adivinar.

Fue sólo cuando entré en el baño que vi la verdadera razón: en mi mentón había una franja de sangre reseca. Mi trabajo de remiendo cuando me afeité no había resultado y ahora lucía una perfecta barba de pavo.

Eso me pasó por sentirme famoso. Quizás hayan pensado que me había fugado de una cárcel de Texas.

¡Ah, las cosas que Dios hace para mantenernos humildes! Lo hace para nuestro bien, desde luego.

¿Pondría una silla de montar en las espaldas de su hijo de cinco años?

¿Dejará Dios que lleve sobre sí la montura de la arrogancia? De ninguna manera.

Esta es una parte del equipaje que Dios aborrece. No desaprueba la arrogancia. No le desagrada la arrogancia. No está desfavorablemente dispuesto hacia la arrogancia. Dios la aborrece.

Lucado, M. (2001). Aligere su equipaje . Nashville: Caribe-Betania Editores.

La soberbia y la arrogancia … aborrezco» (Proverbios 8.13).

«Abominación es a Jehová todo altivo de corazón» (Proverbios 16.5)

Dios dice: «Nada hagáis por … vanagloria» (Filipenses 2.3)

¿Y todo eso cabe en la maleta?

 

Una vez leí una historia en The Employment Counselor [El consejero de empleo] en la que un joven cristiano se preparaba para viajar cuando su compañero de viaje entró en el cuarto para ver cómo le iba en los preparativos.

—¿Terminaste de empacar?—le preguntó su amigo.

—Casi—dijo el joven—.

Lo último que me falta es una guía, una lámpara, un espejo, un microscopio, un volumen de buena poesía, un par de biografías, un paquete de cartas viejas, un libro de cantos, una espada, un martillo y una colección de libros que he estado leyendo.

—¿Dónde vas a poner todas esas cosas?—preguntó de nuevo su amigo.

—Aquí mismo—replicó el joven. Buscó su Biblia y la puso en la esquina de su maleta.

Leer la Biblia hará cosas asombrosas en su diario andar con Dios.

Maxwell, J. C. (1998; 2003). Compañeros De Oración; Partners in Prayer . Thomas Nelson, Inc.

Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos. Deuteronomio 4:10

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Deuteronomio 6:6

Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Deuteronomio 11:18

Una Gran Persona

 

Este es el Perfil de una gran Persona.

Mantiene su modo de pensar independientemente de la opinión pública.

Es tranquilo, paciente; ni grita, ni se desespera.

Piensa con claridad, habla con inteligencia, vive con sencillez.

Es del futuro, no del pasado. Siempre tiene tiempo.

 No desprecia a ningún ser humano.

Capta la impresión de los vastos silencios de la naturaleza: el cielo, el océano, el desierto.

 No siente vanidad.

Como no busca alabanza, no se le puede ofender.

Siempre tiene más de lo que cree que merece.

Está siempre dispuesto a aprender aun de los niños.

Trabaja por el placer del trabajo no por la recompensa material.

Vive cierto aislamiento espiritual a donde no llega ni la alabanza ni la censura. Sin embargo, su aislamiento no es frío: ama, sufre, piensa, comprende.

 Lo que usted tiene, dinero o posición social, no significa nada para él.

Le importa sólo lo que usted es.

 Cambia su opinión fácilmente en cuanto ve su error.

 No respeta la consistencia venerada por los espíritus pequeños.

 Respeta sólo la verdad.

 Tiene mente de adulto y corazón de niño.

Se conoce a sí mismo tal cual es y conoce a Dios.—

 “Luz y Verdad”. Lerı́n, A. 500 ilustraciones .

 No se conforme con ser una persona mas. Sea uno grande. La Grandeza no se compra se obtiene con un corazón pequeño ante Dios.

 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Genésis 12:2 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor. Mateo 20:26

¿Feliz? ¿de qué?

 

 Al inicio de mi clase de las 8:00 a.m. un lunes en la Universidad de Nevada en Las Vegas (UNLV), alegremente le pregunté a mis estudiantes cómo habían pasado su fin de semana.

Un joven me dijo que su fin de semana no había sido muy bueno. Le habían extraído su muela del juicio. El joven procedió a preguntarme por qué siempre parecía tan feliz.

Su pregunta me recordó algo que había leído en algún lado antes: “Cada mañana que nos levantamos, podemos escoger cómo queremos enfrentar la vida ese día”. Le dije al joven: “Escojo estarlo”.

“Déjeme darle un ejemplo”, continué. Los otros sesenta estudiantes en la clase dejaron su tertulia y comenzaron a escuchar nuestra conversación.

“Además de enseñar aquí en la UNLV, también lo hago en la universidad comunitaria en Henderson, a unas diecisiete millas de donde vivo, por la autopista. Un día, hace algunas semanas, conduje esas diecisiete millas hasta Henderson. Salí de la autopista y me dirigí hacia la calle de la universidad.

Sólo tenía que conducir otro cuarto de milla por esa calle para llegar a la Universidad. Pero justo entonces, se me paró el auto. Intenté darle ignición de nuevo, pero el motor no arrancó. Así que puse mis luces tintineantes, tomé mis libros y me encaminé hacia la universidad”.

“Tan pronto como llegué, llamé a la Asociación de Automovilistas de los EUA (AAA) y les pedí que me enviase una grúa. La secretaria en la oficina del director me preguntó qué había pasado. Este es mi día de suerte”, contesté sonreído.

“Su auto se descompone y ¿hoy es su día de suerte?” Ella estaba sorprendida. “¿Qué quiere decir?”

“Yo vivo a diecisiete millas de aquí”, le contesté. “Mi auto pudo haberse descompuesto en cualquier lugar de la autopista. No lo hizo. En vez de eso, se descompuso en el lugar perfecto: a la salida de la autopista, a una distancia que yo pudiera caminar hasta aquí.

Todavía puedo dictar mi clase, y he podido hacer los arreglos para que la grúa me encuentre después de clases. Si mi auto debía dañarse hoy, no pudo haber pasado de mejor manera”.

Los ojos de la secretaria se abrieron por completo y luego sonrió. Le sonreí de vuelta y me dirigí hacia el salón. Así terminó mi historia a los estudiantes de mi clase de Economía en UNLV.

Observé los sesenta rostros en el salón. A pesar de lo temprano de la hora, nadie se había dormido. De alguna manera, mi historia los había tocado. O tal vez no fue la historia en absoluto. De hecho, todo había comenzado con el comentario del estudiante de que me veía alegre.

Un sabio dijo una vez: “Quienes somos habla más alto que cualquier cosa que podamos decir”. Supongo que así debe ser.

Lee Ryan Miller, copyright 2004, extracto de su libro “Enseñando entre Palmas de Neón”

Es asunto de decidir y saber que escojer. Cuando escojemos mirar el lado bueno de la vida, siempre encontraremos una chispa encendida para sonreir e impactar a otros.

Siete días celebrarás fiesta solemne a El Señor tu Dios en el lugar que Dios escogiere; porque te habrá bendecido tu Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre. Deuteronomio 16:15.

Grandes cosas ha hecho El Señor con nosotros; Estaremos alegres. Salmo 126:3

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