No veo nada

 

En una reunión de esposas sube al estrado una francesa y cuenta su historia:

“Una vez yo llegue a casa y le dije a mi esposo: Yo vengo muy cansada del trabajo y a partir de hoy no voy a volver a cocinar….

El primer día no vi nada, el segundo día no vi nada, el tercer día lo vi cocinando y desde ese día es el quien se encarga de la comida.” “Bravo, hurra”, gritaban y aplaudían las mujeres…..

Le toca el turno a una Americana que cuenta su historia: “Una vez yo llegue a casa y le dije a mi esposo: Yo vengo muy cansada del trabajo y a partir de hoy no voy a volver a lavar ropa…. El primer día no vi nada, el segundo día no vi nada, el tercer día lo vi en la lavandería y desde ese día es el quien se encarga de lavar su ropa y la mía.” “Bravo!, hurra!”, gritaban y aplaudían las mujeres…..

Le toca el turno a una Chilena que cuenta su historia: “Una vez yo llegue a casa y le dije a mi esposo: Yo vengo muy cansada del trabajo y a partir de hoy no voy a volver ni a cocinar ni a lavar ropa…. El primer día no vi nada, el segundo día no vi nada, el tercer día ya veía un poquito por el ojo izquierdo que se me había empezado a desinchar…..”

Es muy jocosa la anecdota, pero en medio de las risas que puedan producir, se ve los dos extremos que han proliferado…un movimiento feminista y un típico espíritu machista. La Biblia no presenta ninguno de los dos, sino un modelo sano y edificante.

El modelo de una pareja colocada en el Eden para mutuamente complementarse. El matrimonio no es un Ring de boxeo para ver cuál puede más, sino una mesa de dialogo y un campo de equipo. Hagamos de nuestros matrimonio verdaderos equipos mutuos de crecimiento y proyección.

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido. Efesios 5:22-25

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