Los 100 días del plebeyo

19 mayo 2010

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Una bella princesa estaba buscando consorte.

Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos… Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riqueza que el amor y la perseverancia.

Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
-Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esta será mi dote.

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:

-Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba me desposarás.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.

De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.

Al llegar el día 99, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar dónde había permanecido cien días.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: -¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?

Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas. El plebeyo contestó en voz baja: -La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.

Cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos como prueba de afecto o lealtad, incluso a riesgo de perder nuestra dignidad, merecemos al menos una palabra de comprensión o estímulo. Las personas tienen que hacerse merecedoras del amor que se les ofrece.

Entonces, cuando habían acabado de desayunar, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonas, ¿me amas más que éstos? Pedro le dijo*: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo*: Apacienta mis corderos.
Y volvió a decirle por segunda vez: Simón, hijo de Jonas, ¿me amas? Pedro le dijo*: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo*: Pastorea mis ovejas.
Le dijo* por tercera vez: Simón, hijo de Jonas, ¿me amas? Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: ¿Me quieres? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Juan 21:15-17.


Iván IV: El Terrible

19 mayo 2010

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¿Por qué le decían “El terrible” al zar ruso Iván IV(1530-1584)? Veamos:

Ya en su infancia se “divertía” torturando a toda clase de animales y arrojando al vacío perros desde los tejados del palacio real.

Su primer crimen político conocido ocurrió en 1543 (a los 14 años) al ordenar que Andrei Chuiski, jefe del clan boyardo mas influyente de Rusia, fuera arrojado a los perros hambrientos.

En 1555 ordenó la construcción de la iglesia de San Basilio en Moscú, quedó tan complacido con la obra que mandó dejar ciegos a los arquitectos para que no pudieran proyectar nada mas hermoso.

En 1570 marchó sobre la ciudad de Novgorod al frente de un ejército de 15.000 hombres arrasándola y dando muerte a miles de personas (entre 25.000 y 60.000) llegando incluso a arrojar a decenas de niños a las aguas heladas de un río cercano por el simple hecho de “disfrutar” viendo el espectáculo.

El 14 de noviembre de 1581, en acceso de ira, mató a bastonazos a su propio hijo y sucesor Iván Ivanovich.

Cuando el pecado gobierna a una vida, se puede esperar cualquier cosa de esa persona. El ùnico freno en la vida de una persona para evitar que se deteriore es la persona de Jesùs como el Salvador. Èl ha prometido hacernos nuevas criaturas si nos volvemos a èl. No dejes que el pecado hoy destruya la imagen de Dios en tu vida.

Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.
Nicodemo le dijo*: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?
Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Juan 3:1-5.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es ; las cosas viejas pasaron; he aquí, son todas hechas nuevas. 2 Corintios 5:17.


Ser un Buen Samaritano

12 mayo 2010

Ser un “buen samaritano”.

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Una mujer llamada Ana Smith llegó al hogar de una familia muy pobre en donde el jefe de la familia estaba enfermo sufriendo agudos dolores. La mujer entró a visitar este hogar con el propósito de hablarles algo acerca de Cristo. Pero el hombre de muy mal talante dijo a la mujer: “No quiero que nadie ore aquí ni lea la Biblia, pues no creo en ninguna de estas cosas.” Inmediatamente Ana Smith aseguró al hombre y a la esposa afligida que haría algo para ayudarlos, y se fue para conseguir provisiones y ropa para la familia.

Cuando la señora Smith regresó, el hombre que bruscamente le había prohibido que orara o leyera la Biblia le dijo: “Léame por favor la historia del Buen Samaritano.” La señora Smith lo hizo con gusto, y cuando terminó de leer dijo el enfermo: “He visto muchos sacerdotes y levitas, pero nunca antes había visto un buen samaritano.” La amargura del hombre y sus prejuicios desaparecieron por causa de una buena acción de una cristiana.—

Arnold Lerı́n A.

No intentemos hablar de Cristo sino estamos listos para hacer algo demostrando el amor de Dios. Muchos son los que predican y hablan pero pocos son los que viven un mensaje palpable. Conviertete hoy en un Samaritano y la gente responderá dando su coarzón a Dios. Pero cierto samaritano, que iba de viaje, llegó adonde él estaba; y cuando lo vio, tuvo compasión, y acercándose, le vendó sus heridas, derramando aceite y vino sobre ellas; y poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un mesón y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al mesonero, y dijo: “Cuídalo, y todo lo demás que gastes, cuando yo regrese te lo pagaré.” ¿Cuál de estos tres piensas tú que demostró ser prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Y él dijo: El que tuvo misericordia de él. Y Jesús le dijo: Ve y haz tú lo mismo.Luc 10:33-37


Poema: El Hijo Pródigo

12 mayo 2010
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El Hijo Pródigo

Como hijo te avergoncé al irme de tu casa,
Dije que no eras buen padre,
Que mi autosuficiencia bastaba.
Me lance a nuevos rumbos,
Desconocidos, deslumbrantes,
Sin sentido mi dote daba.
Y a lo lejos tu esperabas
A este hijo sin casa.

Por cobardía, por soberbia,
no mire hacia tu casa,
Estaba enceguecido y en el barro me revolcaba.
Miraba los animales que se alimentaban
Y yo solo era una sombra que tu amor
Y tus brazos extrañaba.

Regresare para alimentarme,
No importa que no sea un hijo
Si esclavo me llamas.
No importa si soy siervo
Si puedo vivir en tu casa.
Mi camino de regreso
Doloroso se tornaba
Al ver todas las posabas,
Donde mi alma despojada
Había sido saqueada.
Con caminar apesadumbrado
A tu casa me acercaba,
Con mil argumentos que mi mente preparaba.
Yo no te veía aun,
Pero tu a lo lejos me mirabas;
Reconociste en la sombra al hijo que amabas.
Saliste corriendo y mi camino se acortaba.
Yo lloraba de tristeza, de vergüenza;
Tu de felicidad llorabas.
Esa tarde mis ojos hablaban:
Perdóname! No, no digas nada.
Y un abrazo profundo me estrechabas,
Y en tus brazos mi alma
Sus penas en lagrimas enjugaba.
Al oído me decías: No llores,
Es una fiesta. Tu eres MI HIJO y esta es TU CASA.


El Titanic

12 mayo 2010
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El Titanic

El naufragio del Titanic dejó, pues, una imborrable huella en la memoria humana. El descubrimiento de los restos, hace unos años, permitió que los expertos emitieran una hipótesis que explicara cómo ese espléndido transatlántico, maravilla de la técnica, zozobró en tres horas después de chocar con el iceberg.

Muchas fueron las causas secundarias, pero una de las explicaciones de los expertos, después de haber examinado algunas muestras de los restos del buque, fue la poca resistencia de los remaches de ensamblaje del casco. Unos cuantos de ellos parecen haberse soltado, abriendo unas vías de agua que inevitablemente condenaron al naufragio al palacio flotante, reputado como insumergible.

“Dios mismo no lo podría hundir”, repitieron algunos. Tal desafío nos impresiona. Bastaron unos remaches defectuosos para que ese 15 de abril de 1912 la humanidad recibiera una severa y magistral lección de humildad, al ver que su obra de arte se hundía en las heladas aguas del Atlántico.

¡Qué contraste con el primer “gigante de los mares”, el arca, construida por Noé y dirigida por Dios mismo! Navegó cerca de un año en medio de un diluvio sin parangón en la historia, y preservó a todos los pasajeros.

A los que quieren vivir sin Dios se les dice: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban… vino el diluvio y los destruyó a todos” (Lucas 17:26-27).
Esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.
1 Pedro 3:20


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